jbravo1.jpg
 Por: Jaime Bravo Oliva

La prueba SIMCE es un indicador de la calidad de la educación, y no debe ser en ningún caso un número que permita a tal o cuales grupos de la sociedad comunal intentar sacar buenos dividendos de cualquier tipo.

Es necesario destacar que utiliza un concepto restringido de “educación”, asimilándose más a “formación” y/o cumplimiento de objetivos curriculares en determinadas materias, y en  ningún caso pretende ser el reflejo del proceso formativo  completo que se da en las escuelas y liceos del país.

 

Por otro lado, aquellos que pretendan sacar dividendos jugosos con los números, deben entender que la educación es un proceso de largo plazo, es decir, la prueba SIMCE es una foto de lo que ha pasado a lo largo de 4 años (en el caso de las pruebas de cuarto básico) y de 8 años (en el caso de las pruebas a octavo básico).

Es por ello que resulta muy jocoso (por decir lo menos), creer que los resultados dependen de tal o cual administración, bien sea para defender los números o bien para quejarse por los resultados.

Los resultados de la SIMCE, dependen de un conjunto de factores, que deben ser coordinados durante el proceso formativo, entre los cuales se cuentan: infraestructura, calidad de los profesores,
condiciones en el hogar, integración de la familia a la escuela, entre otros, por lo que darle al macho con argumentos que la culpa la tiene tal o cual administración, o que la prueba no es transparente,
o que las salas están en malas condiciones, etc, es no entender mucho de esta materia.

Cuales son a mi juicio los desafíos que es necesario superar:

1. Objetivos: Debemos definir colectivamente cuales son los objetivos que tenemos en materia educativa en la comuna, porque si se trata de la prueba SIMCE, lo único que debiéramos hacer es prepararlos para ella de manera mecánica, lo cual no garantiza una buena educación.
Se debe entender que la formación escolar es un mecanismo de inserción eficiente en el mundo del trabajo, la cultura y la familia, y por ello el esfuerzo por determinar que queremos lograr y como medimos el logro.

2. Infraestructura: Esto se relaciona no solo con más salas de clases, sino equipamiento, que es una de las falencias de nuestras escuelas. Requerimos urgentemente más computadores, Internet rápida y de acceso permanente no solo desde las escuelas, más mecanismos de acceso a la información, mejores bibliotecas, implementación de laboratorios, equipamiento deportivo, etc.

3. Buenos profesores: Los profesores son la base fundamental para incrementar el conocimiento de los niños. Tenemos que ser capaces de incorporar y financiar programas permanentes de capacitación a los profesores, y CUIDARLOS, esto implica esforzarnos por mantener a todos los profesores cuando son buenos; debemos invertir en los profesores así como invertimos en infraestructura.

4. Integración a los hogares: La escuela o la administración de ellas deben ser capaces de dar un completo seguimiento a las familias y el medio en el que se desenvuelven nuestros niños, interviniendo cuando ello es necesario, y reforzando todas aquellas áreas que potencian su formación.

5. Visión de largo plazo: Los procesos formativos traspasan una administración, y por tanto no son un botín de guerra. Se requiere generosidad para administrar los frutos, teniendo muy claro que los resultados de la inversión que hagamos hoy, es muy probable que la disfrute otra administración distinta que a lo mejor no va a reconocer los logros de lo anterior.