salvador_allende.jpgPor: Iván Muñoz R., Santiago, 3 de Julio de 2008.

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En todo el mundo se ha conmemorando el centenario del natalicio del Presidente Allende y pese al control mediático del poder dominante, los pueblos se han reencontrado con su imagen y su obra. 

De su vasto  accionar político rescatamos hoy  sus concepciones internacionalistas, su acendrado latino americanismo en momentos  que América Latina se ha convertido en el foco de los procesos antiimperialista y antineoliberales traduciendo en esta gesta liberadora su legado.

La experiencia del proceso que lideró Allende, al  iniciar un  gobierno en la perspectiva socialista, en el marco de la institucionalidad vigente y en momentos de ebullición de procesos revolucionarios, constituyó  una forma, una  vía  inédita que repercutía en el mundo  gravitando con fuerza sobre países como Francia e Italia, la influencia  de esta  experiencia en   la política internacional resulto insoportable para el imperialismo y de allí la ferocidad del fascismo para abortar el proceso.

Antes de asumir su rol  de jefe de estado, Allende exhibía, ya sin ambages, su amistad con Fidel, el Che, su admiración por el líder vietnamita Ho Chi Minh.

No vaciló, siendo presidente del Senado, en resguardar la vida de los voluntarios cubanos que habían luchado en la guerrilla de Bolivia acompañándolos a Haití.

La primera manifestación de soberanía e independencia, al iniciar su gobierno a  contrapelo de las presiones del gobierno de Nixon, fue restablecer  las relaciones diplomáticas con Cuba;  en la ONU. Chile votó por la incorporación de la República Popular China a ese organismo;  estableció relaciones con Nigeria, Mongolia, Tanzania y Libia e inicio intercambio comercial con Vietnam y Corea del Norte.

Allende impulsó una política internacional de contenido  latinoamericano y antiimperialista, enfatizando su accionar en la relación entre pueblos más que en roles de Cancillería, rechazaba de esta forma el panamericanismo heredado de la doctrina Monroe, abriéndole camino al ideario bolivariano.

Propició una política internacional que reafirmaba la personalidad latinoamericana en el concierto mundial.

Las medidas económicas de recuperación de nuestras riquezas básicas como el cobre, la nacionalización de la banca, la redistribución de ingreso, etc., fueron proyectadas en lo internacional, denunciando, en diferentes foros, la dialéctica del atraso, señalaba: “Existe el subdesarrollo, porque existe el imperialismo. Existe el imperialismo, porque existe el subdesarrollo”.

En reunión de la UNCTAD III, celebrada en Chile manifestó: “ La primera constatación es que nuestra comunidad no es homogénea, sino fragmentada en pueblos que se han hecho ricos y pueblos que se han quedado pobres”  y más adelante preciso lo que hoy el presidente del Banco Mundial  “descubre” como  novedad en relación el hambre y sus efectos a nivel planetario, Allende ya denunciaba el flagelo del hambre y el crimen contra la infancia, la que por falta de proteínas en sus primeros ocho años de vida,   jamás alcanzarán el pleno vigor mental que, genéticamente, les habría correspondido.

En la misma reunión de la UNCTAD citó la declaración de Lima del Grupo de los 77:  que reseñaba “… el reconocimiento de que todo país tiene derecho a disponer, libremente, de sus recursos naturales en pro del desarrollo económico y del bienestar de su pueblo;  toda medida o presión externa, política o económica que se aplique contra el ejercicio de este derecho, es una flagrante violación de los principios de libre determinación y no intervención, según lo define la Carta de Naciones Unidas, y de aplicarse podría constituir una amenaza a la paz y la seguridad internacional.”

Su visión sobre la importancia de la integración latinoamericana, para zafarse del yugo imperialista,  lo reseña preguntando:
“¿Cómo hacer para que América Latina encuentre una dimensión distinta para que sea ella misma América Latina?   No podemos aceptar seguir siendo siempre países de segunda categoría. Debemos elevarnos por nuestro propio esfuerzo”.

“El esfuerzo individual no se aquilata. Necesitamos el esfuerzo común y colectivo. Necesitamos que las fronteras se hagan pequeñas, no para recibir la influencia de un régimen a otro, sino para fortalecer, en la unidad y la lucha combatiente, una América Latina. 

Necesitamos establecer el estatuto del hombre latinoamericano. Que sea nuevo, auténtico, con los derechos de nuestros pueblos levantando su propia voz, sin estar sometidos a tutelajes o a presiones de orden político o económico. 

Queremos una carta de América Latina que sea lo que quisieron los padres de la independencia, como guía señera de la unidad de este continente.”

Frente al lavado cultural que impone la ideología dominante, para alienar a nuestros pueblos  con modelos útiles  al imperialismo, Salvador Allende invoca nuestras raíces citando a Bolívar quien escribió:

No somos europeos; no somos indios, sino una especie intermedia entre aborígenes y españoles. Una civilización que tiene su propia personalidad que hay que desarrollar sin complejos de inferioridad”.   
“Las palabras del Libertador,-
  precisa Allende – nos señalan el mandato que debemos seguir: Crear de nuevo la fuerza de nuestra cultura. Reivindicar la cultura latinoamericana sin sentirnos inferiores. Al contrario, orgullosos de los aborígenes que trazaron los caminos de nuestra raza”.

Es el llamado a recoger la herencia de lucha indómita de los pueblos originarios y la voluntad libertaria e independentista de próceres como  Bolívar, San Martín, Sucre, Morelos, O´Higgins que logaron la primera independencia,  mansillada y desnaturalizada  luego por las oligarquías criollas sumisas al imperialismo.

El Presidente Allende conmovió a la Asamblea de Naciones Unidas denunciando la agresión imperialista a Chile, acusó el inclemente bloqueo a Cuba, fustigó el racismo y apartheid, la explotación colonial de la época, la monstruosa agresión imperialista al heroico pueblo de Vietnam, -reeditado hoy contra los pueblos árabes-, abogó por un nuevo orden internacional, finalizando con un vibrante llamado al decir:

“ Son los pueblos al sur del rio Bravo, que se yerguen para decir basta: < ¡ Basta!  ¡Basta a la dependencia! ¡¡Basta a las presiones! ¡Basta a la intervención!> Para afirmar el derecho soberano, de todos los países en desarrollo, a disponer libremente de sus recursos naturales”.

Su legado esta vigente e ilumina las luchas de  América Latina, los procesos que brotan como erupciones telúricas contenidas por decenios,

¡ Allende vive en la consolidación de la Revolución cubana de Fidel !, 

¡ Allende vive en el corazón de la Revolución Bolivariana que lidera Chávez!, 
 

 ¡Allende vive en la revolución indigenista de Evo Morales!,
 

¡ Allende vive en la medidas antineoliberales que impulsa Correa en Ecuador!

¡ Allende vive en los procesos que se inician en Nicaragua y las expectativas del Paraguay!

¡ Allende vive en las luchas del pueblo de Colombia! 

¡Allende vive en la vertebración unitaria de las luchas del pueblo de Chile para crear  condiciones que nos permitan profundizar la democracia y abrirle brecha a los cambios para recuperar el cobre de la Cordillera de los Andes,  ponernos a tono con nuestros hermanos de América Latina y lograr la integración y unidad del continente! 

Era el sueño de Allende y cada uno de nosotros debe honrarlo en el lugar que ocupemos en la lucha, más allá del simple recuerdo.