Rafael Correa y Sebastián Piñera¿Como Sebastián Piñera puede hacer llegar mensaje de apoyo a mineros atrapados a más de 300 mts de profundidad?

Por: José V. Medina Z.

 

Un curioso mensaje de solidaridad con los mineros atrapados por el derrumbe en la mina San José de la minera San Esteban en Copiapó y a sus familiares, envió este viernes el Presidente Sebastián Piñera.

Rafael Correa y Sebastián Piñera

¿Como Sebastián Piñera puede hacer llegar mensaje de apoyo a mineros atrapados a más de 300 mts de profundidad?

Por: José V. Medina Z.

Un curioso mensaje de solidaridad con los mineros atrapados por el derrumbe en la mina San José de la minera San Esteban en Copiapó, envió este viernes el Presidente Sebastián Piñera.

 Sus palabras textuales fueron: “Quiero expresar mi más profundo apoyo y solidaridad a los 34 mineros chilenos que están atrapados en un pozo minero y asegurarles que nuestro Gobierno va a hacer todo lo humanamente posible para rescatarlos con vida y todo lo que sea necesario para encontrar las responsabilidades”.

La duda surge de inmediato. ¿Como podría Sebastián Piñera hacer llegar un mensaje solidario y una promesa de investigar responsabilidades a 34 mineros, que en realidad son 33, encontrándose estos incomunicados a más de 300 metros de profundidad en pleno desierto?.

¿Quizás a través de los ductos de ventilación ? ¿se podría preguntar alguien?.

Lo cierto es que tal mensaje debía ser enviado a los familiares de los mineros y no a los propios afectados por razonas obvias.

Advirtiendo el error y corrigiendo sutilmente este irracional mensaje, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, también entregó su apoyo, pero a los familiares de los afectados, con las siguientes palabras.

“Aprovecho la oportunidad para expresarte a ti (Piñera) la solidaridad y, obviamente, también a las familias de los mineros”. Y para no dejar tan mal parado al presidente chileno, solidariamente y luego de un breve lapsus, agregó, “y a los propios mineros”.

Al parecer, los chascarros presidenciales ya han cruzado nuestras fronteras y no nos terminan de sorprender.

Avergonzar sería la palabra más acertada.