Por: Arturo Alejandro Muñoz. Cuenta Twitter: @aralmu

 

A gobierno y empresariado les es muy difícil seguir ocultando la verdad: el problema que aqueja a Chile y activa movilizaciones masivas y amplios rechazos no es puramente económico, sino también político-social.

altPor: Arturo Alejandro Muñoz. Cuenta Twitter: @aralmu

A gobierno y empresariado les es muy difícil seguir ocultando la verdad: el problema que aqueja a Chile y activa movilizaciones masivas y amplios rechazos no es puramente económico, sino también político-social.

ANTIGUAMENTE, CUANDO los millonarios del hemisferio norte acostumbraban viajar al corazón de África o a las densas selvas de la India para practicar la deleznable cacería de animales (a la que llamaban pomposamente “deporte”), los nativos les advertían que no existía animal más peligroso que el “animal herido”, por lo cual recomendaban al cazador disparar dos veces para así terminar con la vida de su “presa deportiva”.

Exactamente eso es lo que durante tres décadas ha intentado realizar la derecha económica -y el empresariado- contra quienes son alma y sangre en el mundo laboral: los trabajadores. Es decir, dispararles dos, tres y más veces, aunque hasta ahora con puntería poco eficaz. Sin siquiera sonrojarse por las mentiras propaladas, el mundo empresarial y financiero, con el apoyo irrestricto de sus borregos -los políticos del duopolio-, ha tergiversado la realidad a objeto de mantener un  statu quo en el que solamente los trabajadores ponen la fuerza y, obviamente, las pérdidas. Los cuentecillos de hadas malas y madrastras financieras agotaron su stock de mentiras.

El mundo empresarial y la ultraderecha fundamentalista no saben ya a qué recurso rocambolesco echar mano, pues si bien en algo acertaron con las antiguas crisis de la energía, de la deuda y la sub-prime, hoy, la supuesta debacle económica que amenaza a ciertos países europeos como Grecia, Portugal y España, no alcanza siquiera a provocar un tenue malestar de estómago en los economistas serios.

 
Uno de ellos, Franco Parisi, ha derribado las mitómanas apreciaciones de ministros del gobierno piñerista, al preguntar con sorna e ironía: “¿Cuál crisis? ¿De qué crisis habla el ministro de hacienda y el propio presidente de la república si ellos –tan economistas como yo- tienen muy claro que cualquier pecio de la libra de cobre por sobre los US$3 (tres dólares) significa que en Chile no hay crisis, y hoy, en el Mercado de Metales en Londres la libra de cobre está cotizada a US$3,3?”.   Además, agregando gotas de agua al océano, Parisi remató su intervención en el canal de televisión La Red recordándoles a los que se creen expertos en el tema que la recaudación del IVA aumentó en $1.200 millones de pesos, y la recaudación tributaria aumentó a su vez en un 14%, mientras que la economía creció en 5%…¿Crisis? ¡Naranjas!
 

El problema, definitivamente, se desglosa de la forma en que la riqueza es distribuida y en el ineficaz –casi ridículo- sistema tributario que beneficia a los que tienen más, castigando de forma inmisericorde a quienes poseen menos. El desarrollo del país presenta una estadística que muestra el desgaste inversamente proporcional experimentado por el salario mínimo en relación al crecimiento global, vale decir, al Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, en los últimos diez años.

 

El siguiente cuadro da cuenta por sí mismo del aserto anterior. Pertenece a “Fundación SOL”, que lo distribuyó en las redes sociales y me permito hacer uso de él en estas líneas.

 

Salario Mínimo                                         Producto Interno Bruto
1990    26.000  (US$2029                        PIB US$     65.622 millones
1994    52.150  (US$ 221)                       PIB  US$     99.540 millones
1998    80.000   (US$ 263)                      PIB  US$    139.399 millones
2003   115.648  (US$ 320)                      PIB  US$    173.614 millones
2006   135.000  (US$ 346)                      PIB   US$    225.842 millones
2009   165.000  (US$ 368)                      PIB   US$    257.978 millones
2011   182.000  (US$ 388)                      PIB   US$    299.632 millones
 

 

El Salario Mínimo entre el año 1999 y2011, en Dólares Internacionales (ppa) no alcanza a duplicarse, sin embargo, el Producto Interno Bruto (PIB), en el mismo período, se quintuplica. Datos históricos respecto al salario mínimo permiten asegurar sin posibilidad de error que entre 1980 y 2012 (hoy es de $193.000) el salario mínimo ha tenido un aumento real de 29%, en cambio el PIB per cápita ha crecido 511%

 

Nadie, con dos dedos de frente y un mínimo de objetividad, pondrá en duda el éxito que el país ha tenido en materias macroeconómicas, o ‘economía esencial’ (como la defino yo). Eso es incuestionable. Pero, ¿qué es la ‘Economía’? ¿No se trata de una ciencia social, según se nos enseña en la primera clase del primer semestre de cualquier carrera universitaria cuyo currículo contemple esa asignatura? ¿Y si es ciencia social, dónde está lo ‘social’ en aquella ciencia? Insisto en que estoy refiriéndome a la Economía, ciencia que intenta satisfacer necesidades económicas humanas con bienes y servicios disponibles. “Economía”, de ello hablo, y no de Ingeniería Comercial, carrera 100% criolla que fue inventada en Chile por fundamentalistas  del mercantilismo a objeto de contar con un  profesional que se ocupara del área que reúne competencias en Gestión Estratégica y Gestión Operacional, con énfasis en Mercadotecnia y Negocios.

 

Tengo la sensación (tan fuerte que ya es certeza) de que la Economía ha sido absorbida y fagocitada por la parte bolichera de esa profesión, pues poca duda me asiste cuando afirmo que las autoridades políticas y el  mega empresariado, al hacer referencias a materias económicas, dejan muy en claro que consideran a la Economía algo así como un ente abstracto, preñado de vida propia pero ajeno a la resto de la sociedad. “La Economía ha crecido en un  equis punto equis por ciento este semestre”, pontifican algunos, como si tal crecimiento estuviese realmente relacionado con la mayor parte de la población de un país. ¡Falso! Ya sabemos que la Economía puede “crecer” sin que necesariamente la sociedad civil también lo haga merced a su efecto. En definitiva, con el sistema capitalista actuando a nivel de ‘civilización’ más que de sistema, la Economía se ha transformado en un ente aparte, una especie de “Alien” con vida propia, pero que nada tiene que ver con el país real ni con la gente de carne, huesos y necesidades.

 

Con ese garlito (que el avance o retroceso de la Economía afecta a la gente) la ultraderecha atrapó la inocencia del país al que ha tenido engañado durante décadas, pues el crecimiento de aquella supuesta ‘ciencia social’ favorece exclusivamente a un  bajo porcentaje de la población, el cual domina y maneja banca, empresas, fuerzas armadas, iglesias, poder judicial, poder legislativo, prensa, televisión y gobierno. Y también amañó a la ‘Economía’, cuyo cuerpo total no es sino la suma de los elementos anteriores, mismos que en definitiva poco y nada favorecen al pueblo trabajador que debe contentarse con entregar sus esfuerzos y capacidades para mantener tal sistema ad eternum. 

 

Si el binominal se aplicara al fútbol, la final de la Eurocopa la habría ganado Italia 5×4, y no habría perdido ante España 4×0 como realmente ocurrió. Así de ridículo e injusto es el sistemita inventado por Jaime Guzmán y la Junta Militar dictatorial. Algo similar hicieron con la Economía…y desde ese momento el país  está pagando el costo de una francachela que incluso causa escozor y molestia a mucha gente de derecha; al menos a aquella honesta y honrada que milita en ese sector de la política. Que no es mucha, a decir verdad, y que tampoco tiene fuerza suficiente para imponer sus términos en las tiendas partidistas que sustentan políticamente el andamiaje neoliberal.

 

Sin usar palabras alambicadas ni conceptos intelectualoides, cuyo metalenguaje sólo tiende a enredar la madeja, se puede asegurar que la actual brecha económica es un asunto que fue políticamente pensado por quienes inventaron el modelo, ya que no les interesó el bienestar ni el malestar de la gente, pues si así hubiese sido habrían abierto puertas a la posibilidad de mejorar la actual legislación laboral, desbrozando caminos para que el proceso de negociación colectiva fuera un elemento de normal uso en todas las empresas y para todos los trabajadores, sindicalizados o no, puesto que a través de ese proceso negociador la brecha económica se acorta, sin que nadie ‘sufra’ despropósitos económicos ni sociales.

 

Queda claro, pues, que los problemas económicos se desglosan directamente de los asuntos políticos, los que juegan el rol de basamento y estructura para el edificio neoliberal. Tal cual todo bombero apunta el pitón hacia la base del fuego y no hacia las llamas, los chilenos tienen que dirigir sus dardos a la acción política de gobierno y oposición, más que hacia los efectos económicos de esa acción política Así entonces, se hace imprescindible luchar por derrumbar el binominal, redactar una nueva Constitución democrática que destruya la actual Carta parida por una dictadura y, nunca dejarlo en segundo lugar, renacionalizar el cobre y los principales recursos estratégicos (o fundamentales) de la nación. No es poca cosa, menos aun si recordamos la imperiosa necesidad de estructurar un sistema de educación pública de calidad, laica y gratuita, así como una base de atención integral de salud y, ¡cómo no!, activar la tan deseada regionalización que duerme un largo sueño por efecto del centralismo atosigante y estéril.

 

El producto de todos esos asuntos y elementos se llama “Economía”. Ella no es responsable de su debilidad ni de su fortaleza si la vemos desde la perspectiva de la gente, que es –supongo yo- la única perspectiva que debería interesar a todo ‘servidor público’. Sin embargo, el actual gobierno (hijo predilecto del duopolio Alianza-Concertación) hace ingentes esfuerzos por lograr que la sociedad chilena siga embaucada con los acertijos economicistas que la fauna depredadora transnacional difumina como si fuesen fuegos de artificio en Año Nuevo.

 

Ante la tremolina y la saga de movilizaciones que se aproxima, el gobierno –en un acto de franca desesperación que da cuenta de su fracaso- enviará al Congreso Nacional un proyecto de ley que, para no variar en el tema, ofrece a los trabajadores, y a la sociedad toda, la ‘maravilla’ del reflejo de la luna sobre el agua, pero en cuanto a soluciones al problema laboral ya detallado (sindicalización, salario mínimo, negociación colectiva, etc.) la oferta oficial es algo así como un asado a la parrilla, pero sin carne.

 

El cuestionado presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Arturo Martínez, demoró poco en comentar que: “la CUT rechaza el intento del Gobierno de presentarle al Parlamento la creación de una nueva institucionalidad que discuta el salario mínimo, que no es más que una comisión técnica que va a actuar sobre la base de los equilibrios macroeconómicos, y en definitiva, eso no resuelve nada“.

 

Agregó Martínez que dicha remuneración tiene que ver con una temática social, no con lo técnico. “Quisiéramos decir que esos intentos no van a prosperar, porque no creo que el Parlamento vaya a dispararse en los pies, porque el salario mínimo también lo discute y lo aprueba el Parlamento, y este organismo técnico que está planteando la señora ministra del Trabajo, Evelyn Matthei y el Gobierno, reemplaza la discusión, y por tanto no creo que esa propuesta tenga ninguna validez, ninguna posibilidad de prosperar“, dijo el dirigente.

 

Finalmente, Martínez afirmó que lo que Chile requiere no es una entidad que establezca un reajuste automático; lo que necesita “es una nueva institucionalidad laboral”, lo que en estricto rigor significa contar con un nuevo Código del Trabajo que termine con los abusos y despidos ‘por necesidad de la empresa’, que establezca negociación colectiva, y que en definitiva proteja la sindicalización y le devuelva a los trabajadores aquellos derechos que fueron conculcados por la dictadura y aherrojados por la sociedad duopólica Alianza-Concertación.

 

Por fin concuerdo con  Arturo Martínez en un asunto de especial importancia para el mundo laboral y para el país en general. Si la respuesta del gobierno es el silencio, la negación absoluta o la insistencia en crear aquella mentada ‘mesa de negociación técnica’, no cabe duda que tendremos una saga de movilizaciones y paros cuyo volumen y fuerza irán in crescendo, ya que –siendo francos- el país se hartó de tanta mentira y tanta desigualdad política-social-económica.

 

Ante estas situaciones -que se avecinan con la misma rapidez que se acercan las elecciones edilicias y constatándose que las materias comentadas ya se escaparon de las manos de las tiendas partidistas que sustentan al gobierno, el ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, insistiendo con su desmadejada teoría de que los chilenos son carneros pusilánimes que acatan cualquier orden por estúpida que ella sea, ha optado por chicotear la presentación de su ‘ley’ anti movilizaciones, creyendo ingenuamente que con ello la mayoría de las personas cambiará su opinión respecto de este gobierno. Iluso es el jefe de gabinete…aunque para ser objetivo, más que iluso, horquillado por la dura realidad, la desesperación ante el fracaso de la gestión personal (y del gobierno mismo) le lleva a cometer sandeces que en política tendrán negativos efectos en las tiendas partidistas de la derecha.

 

Hablando claro y fuerte, el señor Hinzpeter, con su intento por acallar las voces críticas y aherrojar la libertades de opinión, prensa y asociación, ha demostrado sin ambages que la Economía no es el problema que aqueja a Chile y a los chilenos, sino que el asunto de severo conflicto estriba definitivamente en la estructura política y constitucional, tal cual hemos intentado desglosar en estas líneas.

 
NR: Esta nota fue entregada gentilmente a LNT por el profesor de historia y asistente social, ya jubilado, Arturo Muñoz, residente en Coltauco, a través de su cuenta Twitter, @aralmu
 
Esta se encuentra publicada en el portal Kaos en la Red.